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Con el patrocinio de la Fundación BBVA

El Teatro Real estrena el 10 de marzo una nueva producción de El sueño de una noche de verano, de Benjamin Britten

FUNDACIÓN BBVA

Entre el 10 y el 22 de marzo el Teatro Real ofrecerá 6 funciones de una nueva producción de El sueño de una noche de verano, de Benjamin Britten, que cuentan con el patrocinio de la Fundación BBVA. Esta obra se presentará posteriormente en los teatros coproductores: el Royal Ballet and Opera de Londres y el Teatro Maggio Musicale Fiorentino.

3 marzo, 2026

Ópera

'El sueño de una noche de verano'

Benjamin Britten

Después del éxito de Billy Budd en 2017,  y de Peter Grimes en 2021, el Teatro Real vuelve a unir al director musical Ivor Bolton y a la directora de escena Deborah Warner para una nueva ópera de Britten, que se aleja de los dramas realistas de las anteriores para adentrarse en el mundo fantástico de la comedia shakesperiana, escondiendo, sin embargo, importantes cuestiones psicológicas e, incluso, ontológicas.

Benjamin Britten (1913-1976) recibió el encargo de componer una ópera para la inauguración del renovado auditorio Jubilee Hall, en Aldeburgh, en 1960, con apenas un año de antelación, por lo que, debido a la premura con la que tenía que trabajar, decidió escribir él mismo el libreto –con la colaboración de su pareja, el tenor Peter Pears (1910-1986)– a partir de una obra literaria ya conocida y admirada.

En siete meses la partitura de El sueño de una noche de verano estaba acabada, con una impecable reducción y adaptación de la obra homónima de William Shakespeare (1564-1616), de la que conserva la esencia de la trama y también todo el texto de los personajes, con excepción de una única frase: Compelling thee to marry with Demetrius” (Obligarte a casarte con Demetrius).

La decisión de suprimir el primer acto de la comedia original, que transcurre en la corte ateniense, y comenzar la ópera directamente en el bosque encantado, refugio y confluencia de hadas, duendes, amantes cortesanos y toscos artesanos, subraya la preferencia de Britten por dar a la ópera un carácter onírico, simbólico, sobrenatural y también burlesco. Su trasfondo psicológico reflexiona sobre la condición ilusoria del amor, la fugacidad del deseo, la fragilidad de la identidad, la permeabilidad entre realidad y fantasía y las pulsiones animales que nos igualan y nos funden con la naturaleza.

En el mundo mágico de las hadas —el inconsciente, lo irracional— todo se altera cuando Oberon, su soberano, celoso de la relación de Tytania con el joven paje que la asiste, decide vengarse pidiendo al alocado Puck que le dé un brebaje que la hará amar locamente la primera persona que vea al despertarse. La equivocación de Puck al administrar el filtro desencadena el caos en la penumbra del bosque en esa noche estival, en la que dos parejas —Hermia y Lisander, Demetrius y Helena— huyen de la hipocresía de la vida cortesana, y un grupo de caricaturescos artesanos se divierten ensayando la obra Píramo y Tisbe —el teatro dentro del teatro— para celebrar la boda del duque Theseus y la reina Hippolyta.

Musicalmente, Britten creó mundos sonoros claramente diferenciados para los grupos de personajes shakespearianos. Para el reino feérico utiliza timbres etéreos –arpa, celesta, cuerdas agudas, maderas y voces infantiles–, glissandi, armonías delicadas y sonoridades suspendidas. El papel de Oberon, escrito para contratenor,  refuerza su carácter extraño, andrógino y fantástico. Para los encuentros y desencuentros de las parejas atenienses, líneas líricas e intensas, con sorpresivos desajustes melódicos y armónicos que reflejan la inconstancia y el desorden emocional. Y para los trabajadores y cómicos aficionados, una música directa y paródica, que se burla de la sublimación de los instintos y de las convenciones operísticas decimonónicas.

Deborah Warner potencia la atmósfera misteriosa, delirante y grotesca de la ópera, creando un mundo de fantasía con la complicidad del escenógrafo Christof Hetzer –autor de la instalación que sirve de marco conceptual de la trama–, del iluminador Urs Schönebaum –que desvelará los secretos del bosque nocturno– y del figurinista Luis Filipe Carvalho  –que diseñó un vestuario fiel a la diferenciación clara de los grupos que protagonizan la noche de caos, desvarío y libertad que viven los personajes–.

Para darles vida, el Teatro Real cuenta con un reparto coral de excelentes cantantes-actores como Iestyn Davies (Oberon), Liv Redpath (Tytania), Daniel Abelson (Puck), Thomas Oliemans (Theseus), Christine Rice (Hippolyta), Sam Furness (Lysander), Jacques Imbrailo (Demetrius), Simone McIntosh (Hermia), Jacquelyn Wagner (Helena), Clive Bayley (Botton), Henry Waddington (Quince), Ru Charlesworth (Flute), Stephen Richardson (Snug), John Graham-Hall (Snout) y William Dazeley (Starveling). Junto a ellos actuará el coro infantil Pequeños Cantores de la ORCAM, preparados por Ana González –con un importante papel en la ópera–, y la Orquesta Titular del Teatro Real, con Ivor Bolton en el foso.

Benjamin Britten ha ocupado un lugar privilegiado en la programación del Teatro Real desde su reapertura. En 1997, dos meses después de la reinauguración, Peter Grimes obtuvo un gran éxito, en producción procedente del Teatro de La Monnaie de Bruselas, con su coro y orquesta titulares dirigidos por Antonio Pappano. Le han seguido El sueño de una noche de verano (2006), La violación de Lucrecia (2007), Otra vuelta de tuerca (2010), Muerte en Venecia (2014), Billy Budd (2017), Gloriana (2018), Peter Gimes (2021) y las obras infantiles El pequeño deshollinador (2005, 2006 y 2007) y El diluvio de Noé (2008).

El sueño de una noche de verano volverá al Teatro Real después de 20 años, con el patrocinio de la Fundación BBVA, para llenar su escenario de personajes reales y fantásticos que se unen en una divertida mascarada nocturna, libertina, absurda y grotesca, que, sin embargo, cambiará sus amaneceres: ¿qué pasó aquella noche en el bosque?