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Stravinsky y Boulez están conectados a través del extraordinario interés por el factor rítmico y de un planteamiento inédito de la forma y de la estructura tímbrica. No se sirven del concepto clásico de plantilla y, si lo hacen, es para plantear novedosas interrelaciones entre los instrumentos. Así lo vemos en las Berceuses du chat (contralto y tres clarinetes), en las Tres canciones de William Shakespeare (mezzosoprano, clarinete y viola) y en Le marteau sans maître, la cual representa una combinación de instrumentos que hace pensar en el interés por culturas exóticas, en este caso aliadas a una extraordinariamente compleja técnica del serialismo integral.