Elena Sancho Pereg | soprano
Mónica Redondo | mezzosoprano
Francisco Soriano | piano y dirección musical (Beca Leonardo de Investigación Científica y Creación Cultural en Música y Ópera 2022)
ARCHIPIÉLAGO DIGITAL
CONCIERTO
29
MAY
2026
TEMPORADA DE MÚSICA 2025-2026
29 MAY 2026
Elena Sancho Pereg | soprano
Mónica Redondo | mezzosoprano
Francisco Soriano | piano y dirección musical (Beca Leonardo de Investigación Científica y Creación Cultural en Música y Ópera 2022)
Pauline Viardot (1821-1910)
Seguidilla de los oficialitos (dúo)1 y 2
Gioachino Rossini (1792-1868)
Canzonetta spagnuola2
Léo Delibes (1836-1891)
Les filles de Cadix1
Pauline Viardot
El corazón triste1
Caña española2
Ay, que me robó (dúo)1 y 2
La tortolilla triste2
El amor de mi mozuela1
Mi numen parlero (dúo)1 y 2
Madrid2
Le toréador1
Charles Gounod (1818-1893)
¡Ay, pobre Curro mío!2
Jules Massenet (1842-1912)
Sevillana1
Pauline Viardot
El fandango del diablo (dúo)1 y 2
Duo à la hongroise
Elena Sancho Pereg | soprano1
Mónica Redondo | mezzosoprano2
Una soirée musical en el salón de Pauline Viardot
Recrear una soirée musical en el salón de Pauline Viardot es adentrarse en uno de los espacios más fascinantes de la vida cultural europea del siglo XIX: un lugar donde la música, el teatro y la conversación se entrelazaban con naturalidad, y donde lo íntimo no estaba reñido con la excelencia artística.
Lejos del formato convencional de concierto, estas veladas proponían una experiencia fluida y diversa en la que podían alternarse canciones, dúos escénicos, piezas de carácter popular y pequeñas escenas teatrales. El programa que hoy se presenta se inscribe precisamente en esa tradición: un recorrido caleidoscópico que combina lo refinado y lo ligero, lo culto y lo popular, lo español y lo cosmopolita.
El arte de la intimidad
La soirée musical no debe entenderse como un pequeño concierto, sino como una forma distinta de experiencia artística. La cercanía entre intérpretes y oyentes favorece una escucha más directa, casi confidencial, en la que la palabra, el gesto y la música se funden.
En este contexto, el repertorio adquiere una dimensión particular. La canción —romanza, mélodie o pieza de carácter— se convierte en el género privilegiado, no solo por su escala, sino por su capacidad de condensar emoción, literatura y teatralidad. Obras como El corazón triste o La tortolilla triste revelan el lado más introspectivo de Viardot, mientras que otras como Madrid o Le toréador despliegan una vivacidad casi escénica.
Entre lo privado y lo teatral
Una de las aportaciones más singulares de Viardot al universo del salón fue el desarrollo de las llamadas operetas de salón: pequeñas obras escénicas concebidas para espacios domésticos con acompañamiento de piano y un número reducido de intérpretes. Estas piezas —como su célebre Cendrillon, estrenada en su propio salón— difuminan las fronteras entre lo privado y lo teatral, proponiendo una experiencia escénica íntima pero de gran sofisticación musical.
En ellas, al igual que en sus canciones, se percibe una libertad estilística característica: ecos de la ópera italiana, elegancia francesa y un sentido dramático inmediato, casi conversacional.
Este espíritu se percibe con especial claridad en los dúos del programa —Seguidilla de los oficialitos, Ay, que me robó, Mi numen parlero o El fandango del diablo—, pequeñas escenas emparentadas con el mundo de la tonadilla escénica española, llenas de ritmo, humor y complicidad, en las que la interacción entre las voces genera auténtico teatro en miniatura.
Viardot y la reinvención de lo popular
Hija del célebre tenor Manuel García, Pauline Viardot mantuvo a lo largo de su vida una profunda conexión con la cultura española, que se traduce en numerosas obras inspiradas en ritmos y estilos populares: seguidillas, cañas o fandangos.
Sin embargo, estas piezas —como Caña española o El fandango del diablo— no son meras transcripciones folclóricas, sino recreaciones sofisticadas en las que lo popular es reinterpretado desde el lenguaje refinado del Romanticismo europeo. A ellas se suman miradas complementarias de otros compositores del programa, como la Canzonetta spagnuola de Gioachino Rossini o la célebre Les filles de Cadix de Léo Delibes, ejemplos paradigmáticos de la fascinación europea por lo español.
Un laboratorio creativo
El salón de Viardot fue también un espacio de experimentación y diálogo entre compositores. En este contexto, resulta especialmente significativa su relación con Frédéric Chopin, cuya música conocía profundamente.
Algunas de sus canciones nacen precisamente de ese vínculo: Viardot realizó versiones cantadas de varias mazurcas de Chopin, transformando piezas originalmente pianísticas en delicadas miniaturas vocales. Este gesto —a medio camino entre la transcripción, la recreación y el homenaje— ilustra perfectamente el espíritu del salón: un lugar donde la música circula, se transforma y adquiere nuevas formas expresivas. En este programa se podrán escuchar, en concreto, tres de estas mazurcas chopinianas versionadas por Viardot: Ay, que me robó, La tortolilla triste y El amor de mi mozuela.
El programa refleja también la influencia de lo español, con la Viardot como catalizador en importantes compositores de su entorno. Junto a sus propias composiciones, encontramos obras de figuras como Charles Gounod o Jules Massenet —¡Ay, pobre Curro mío! o Sevillana— que amplían ese imaginario hispano desde distintas sensibilidades.
Este diálogo entre estilos y procedencias convierte la velada en un auténtico mosaico europeo, donde lo español aparece no como identidad fija, sino como territorio de inspiración compartida.
Recrear una tradición viva
Este programa propone, más que una reconstrucción histórica, una evocación: la recreación de un clima artístico en el que la música se comparte como experiencia cercana, viva y en constante transformación.
Volver al salón de Pauline Viardot es recuperar una forma de escuchar y de hacer música en la que la excelencia artística convive con la espontaneidad, la complicidad y el diálogo. Una forma, en definitiva, de entender la música no solo como espectáculo, sino como encuentro.