Leo de María | piano
ARCHIPIÉLAGO DIGITAL
CONCIERTO
26
JUN
2026
TEMPORADA DE MÚSICA 2025-2026
26 JUN 2026
Robert Schumann (1810-1856)
Humoreske, op. 20 (30 min)
Franz Liszt (1811-1886)
Tre Sonetti del Petrarca, S. 270 (17 min)
Il penseroso, de los Années de pèlerinage II, S. 161 n.º 2 (6 min)
Après une lecture du Dante: Fantasia quasi sonata (16 min)
Robert Schumann
Humoreske, op. 20
Compuesta en 1839, la Humoreske, op. 20 pertenece a uno de los periodos más intensos y contradictorios de la vida creativa de Robert Schumann. Escrita en Viena, ciudad que el compositor admiraba profundamente pero en la que se sentía emocionalmente aislado, la obra surge en un momento de fuerte tensión interior. El anhelo amoroso por Clara Wieck, la frustración profesional y una sensibilidad cada vez más fragmentada confluyen en una partitura de difícil clasificación formal.
El título puede inducir a equívoco. El «humor» al que alude Schumann no remite a lo cómico, sino al concepto romántico de humor como expresión cambiante del estado del alma, capaz de transitar sin previo aviso de la ironía a la melancolía más profunda. En este sentido, la Humoreske no es una obra ligera, sino una de las más complejas y ambiciosas del catálogo pianístico del compositor.
Formalmente, la pieza se articula como una sucesión de secciones contrastantes encadenadas sin interrupción. En ellas reaparece la dualidad tan característica de Schumann: la oposición entre Florestán y Eusebius, sus dos alter ego literarios y musicales. Momentos de exuberancia rítmica conviven con episodios de introspección extrema, donde la música parece hablar en voz baja.
Uno de los rasgos más singulares de la Humoreske es la abundancia de indicaciones expresivas que apelan a la intimidad del discurso. La escritura pianística evita el virtuosismo externo y se centra en la densidad armónica, el diálogo entre voces y la creación de una atmósfera psicológica compleja. En los compases finales, la música se disuelve lentamente, como un pensamiento que se apaga sin resolverse del todo.
Franz Liszt
Tre Sonetti del Petrarca, S. 270
Los Tres Sonetos de Petrarca ocupan un lugar central dentro de la producción lírica de Franz Liszt. En ellos, Liszt traduce al lenguaje pianístico tres poemas del Canzoniere de Francesco Petrarca, dedicados a la figura idealizada de Laura. No se trata de simples ilustraciones literarias, sino de una auténtica transposición poética donde la palabra se transforma en sonido.
Originalmente concebidos como Lieder para voz y piano, los Sonetos fueron reelaborados posteriormente en su versión pianística definitiva. El piano asume así la función de la voz humana, desplegando líneas melódicas amplias y flexibles que evocan el fraseo del canto.
El primer Soneto presenta un clima de contemplación apasionada; el segundo se adentra en un conflicto más íntimo, marcado por la duda y la contradicción interior; el tercero culmina el ciclo con una expresión más luminosa, donde el amor adquiere una dimensión casi trascendente. Desde el punto de vista interpretativo, estas obras exigen un sonido cantabile refinado y un uso del rubato siempre subordinado a la línea expresiva.
Il penseroso, de los Années de pèlerinage II, S. 161 n.º 2
Il penseroso forma parte del segundo cuaderno de Années de pèlerinage, dedicado a Italia, y se inspira en la célebre escultura de Miguel Ángel en la Sacristía Nueva de San Lorenzo. Frente al virtuosismo asociado a otras páginas de Liszt, esta obra se adentra en una dimensión introspectiva y austera.
La escritura se caracteriza por registros graves, armonías densas y un discurso contenido, casi severo. El tiempo parece ralentizarse y el silencio adquiere un valor estructural esencial. La música avanza con paso reflexivo, como si cada acorde fuera fruto de una meditación profunda. Il penseroso funciona como un espacio de recogimiento, una pausa reflexiva dentro del programa.
Après une lecture du Dante: Fantasia quasi sonata
Inspirada en la Divina Comedia de Dante Alighieri, esta obra monumental representa una de las cimas del romanticismo pianístico. Liszt no busca una narración literal del poema, sino una recreación subjetiva de su universo moral y emocional.
Desde los primeros compases, marcados por disonancias y cromatismos extremos, la música evoca un mundo de condena y angustia. Frente a estos episodios sombríos emergen secciones de gran lirismo, asociadas a la redención y a la figura idealizada de Beatriz. La libertad formal de la fantasia quasi sonata permite a Liszt construir un amplio arco dramático, donde el virtuosismo técnico se pone al servicio de una intensa expresión espiritual.
Leo de María